¡Rezamos juntos en Octubre!

¡Rezamos juntos en Octubre!
  1. Invoca… al Espíritu Santo.

“Espíritu Santo, Espíritu de Luz y de verdad, Ilumínanos”

2. Lee… muy despacio el texto bíblico. (Lc. 24, 13-33a)

Vuelve a leerlo: Responde a la pregunta ¿Qué dice el texto?

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeñopueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien liberara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».

Jesús dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, ¡cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?». Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén.

Nos ayuda a reflexionar…

Emaús, representa en el relato de Lucas lo cotidiano, lo de antes y lo de siempre, es decir, la muerte de la ilusión que Jesús había sembrado en ellos, el sin sentido, refugio a la desesperanza por la lejanía con el Resucitado y su comunidad pascual. Allí, en Emaús, sólo es posible la tristeza y el vacío por la falta de fe en la obra de Dios por su Mesías.

Jesús Maestro, Profeta, Sacerdote y Señor, sale al encuentro de dos de sus discípulos para caminar con ellos y hacerse cargo de su realidad, sanar su condición y enviarlos a extender su misión. Para esto, en el camino de la vida, Jesús invita a los de Emaús a celebrar la liturgia del peregrino en la fe, sediento del Mesías, y les ofrece el pan de su palabra y el pan de la eucaristía, alimentos mesiánicos que los transforman en testigos de la buena noticia de la salvación.

Los de Emaús han perdido la fe en Jesús. Retornan desconcertados a su aldea. Aquel en quien habían puesto su esperanza se reveló inoperante: «Nosotros esperábamos que él fuera el que iba a liberar a Israel» (Lc 24,21). Ellos dos, como muchos de su tiempo, alentaban la idea de un Mesías poderoso en obras y palabras, confunden “Reino de Dios” con “reinado de Israel” sobre las naciones (Hch 1,6).

El encuentro se inicia por iniciativa de Jesús quien interpela sus vidas. «¿Qué es lo que vienen conversando por el camino?», les pregunta (Lc 24,17). Ellos relatan lo que han vivido los últimos tres días en Jerusalén (24,19-24). Insisten en sus anhelos rotos: han confiado en Jesús como profeta de Dios y liberador de Israel, pero terminó muerto en cruz. Ya nada se puede hacer (24,21). La amargura no puede ser mayor. No logran comprender por qué su líder acabó muerto, situación que afecta substancialmente su condición de vida actual y su futuro. Aquel profeta «poderoso en obras y palabras» en quien creyeron, ¡no era el liberador de Israel! (24,19.21).

Sin Jesús, la senda recorrida de Jerusalén a Emaús se convierte en desencanto pascual. Dejarse encontrar por Jesucristo es rehacer el itinerario pascual, pasando de la ceguera de los ojos y de la desesperanza del corazón al sentido salvífico de los acontecimientos (Lc 24,31: “ojos que ven”) y a la adhesión vital a Jesucristo vivo (24,32: “corazón que arde”).

(El itinerario pascual del discípulo según el camino de los de Emaús. Santiago Silva R. Obispo Auxiliar de Valparaíso. Presidente Comisión Nacional de Pastoral Bíblica)

3. Medita… qué te dice la Palabra que has leído lentamente

A lo largo del camino Jesús resucitado se acercó a los dos discípulos de Emaús, pero ellos no lo reconocieron. Viéndolos así tristes, les ayudó primero a comprender que la pasión y la muerte del Mesías estaban previstas en el designio de Dios y anunciadas en las Sagradas Escrituras; y así vuelve a encender un fuego de esperanza en sus corazones.

Los dos discípulos percibieron una extraordinaria atracción hacia ese hombre misterioso, y lo invitaron a permanecer con ellos esa tarde. …Tras ser iluminados por la Palabra, habían reconocido a Jesús resucitado al partir el pan, nuevo signo de su presencia. E inmediatamente sintieron la necesidad de regresar a Jerusalén, para referir a los demás discípulos esta experiencia, que habían encontrado a Jesús vivo y lo habían reconocido en ese gesto de la fracción del pan.

El camino de Emaús se convierte así en símbolo de nuestro camino de fe: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor. También nosotros llegamos a menudo a la misa dominical con nuestras preocupaciones, nuestras dificultades y desilusiones… La vida a veces nos hiere y nos marchamos tristes, hacia nuestro «Emaús», dando la espalda al proyecto de Dios.

Los discípulos de Emaús: acogieron la Palabra; compartieron la fracción del pan, y, de tristes y derrotados como se sentían, pasaron a estar alegres. Siempre la Palabra de Dios y la Eucaristía nos llenan de alegría… Cuando estés triste, toma la Palabra de Dios. Cuando estés decaído, toma la Palabra de Dios y ve a la misa del domingo a recibir la comunión, a participar del misterio de Jesús. Palabra de Dios, Eucaristía: nos llenan de alegría.

4. Ora… respóndele al Señor que te ha dado su mensaje en la Palabra meditada.

Escribí y compartí lo que le dirías al Señor, después de haber meditado su Palabra

Luego podés rezar con tu familia

Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo quédate.
¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.
¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.
Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana

5. Actúa…. Haciendo un compromiso que brote de este encuentro con el Señor.

Repetile a Jesús con frecuencia estos días “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba »

Tené María santísima, en tu vida… para ayudarte a redescubrir la gracia del encuentro transformador con el Señor, con el Señor resucitado, que está siempre con nosotros. Siempre hay una Palabra de Dios que nos da la orientación después de nuestras dispersiones; y a través de nuestros cansancios y decepciones hay siempre un Pan partido que nos hace ir adelante en el camino.

Recuerda y agradece, de manera especial, el momento en que Jesús pasó por tu camino, te miró con misericordia, te pidió seguirlo y te hizo sentir que te amaba.

Lleva a tu familia, a tu trabajo, a toda persona que esté cerca de ti de alguna manera, la alegría del encuentro con Jesús que te ha llamado a seguirlo y a participar en su misión.

Los discípulos de Emaús pasan de la tristeza, de la ceguera, de la desesperanza… al gozo y al reconocimiento de Jesús Resucitado. ¿Déjate impresionar y cambiar por Jesús Resucitado?

Al vivir la Eucaristía, sé consciente de que eres enviado a proclamar con tu vida que Jesús vive con nosotros y te envía a ser testigo de su resurrección.

  • Sintiéndonos todos invitados a vivir el programa de vida de Jesús, cómo hermanos nos dirigimos al Padre: Padre Nuestro…
  • A María nuestra madre la saludamos: Dios te salve María…
  • Concluimos esta oración con la bendición de Dios, que es PADRE; HIJO y ESPIRITU SANTO. Amén